El Planeta por Dentro para Niños
Cuatro capas de un solo planeta para niños de 6 a 8 años, presentados por Lupe, un cachorro golden retriever que lo descubre todo junto al niño. El curso va en la única dirección en la que un niño nunca puede mirar: hacia abajo. El corte que abre cada episodio es el mismo corte de la Tierra con una banda más encendida, así que el niño siempre sabe dónde está antes de oír una palabra, y cada profundidad se mide con la única regla que lleva siempre encima: él mismo, uno sobre otro, bajando. La corteza tiene unos treinta kilómetros de hondo: veinticinco mil niños, y es la más fina de las cuatro. Su metro de arriba es suelo, y de ese único metro sale cada árbol, cada flor y toda la comida del mundo. Un volcán es una ventana a la capa de abajo, y su lava viene de una bolsa a cinco kilómetros de hondo y no del centro de la Tierra: una corrección que el curso hace a propósito, porque es lo que más se le cuenta mal a los niños. La corteza está partida en placas de cien kilómetros de grosor que se mueven a la velocidad de una uña creciendo, y en Islandia hay una rajadura entre dos de ellas por la que puedes caminar con una placa a cada lado. El manto son 2.900 kilómetros de roca sólida que escurre como miel muy fría, nunca un mar de lava. Debajo el planeta se vuelve metal: hierro derretido por fuera, y en el centro una bola dura a casi el calor de la superficie del Sol, sólida solo porque el planeta entero la aprieta. Ese metal derretido hace de la Tierra un imán, que apunta cada brújula y pinta la aurora de verde. Y la última medida es la que da humildad: la cueva más honda que alguien bajó tiene 2.212 metros y el agujero más hondo perforado tiene doce kilómetros, así que nadie salió nunca de la cascarita. Cada capa se muestra con una fotografía real, y no hay ejercicios dentro de los videos ni nada que se pueda fallar.
